Homo Faber
Soy Óscar Gómez, y en este pódcast te cuento las historias de objetos industriales cotidianos que han hecho historia.
Puedes suscribirte, y también sugerirme algunas de esas historias en los comentarios.
En la primera temporada hablaremos por ejemplo del reloj Omega Speedmaster, del fusil de asalto AK47, de las zapatillas Converse All Star, del Sony Walkman, del sombrero Panamá o de la navaja Victorinox Spartan, de la libreta Moleskine y de otros muchos iconos fabricados por la humanidad.
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2 days ago
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Esta comunicación de radio que escuchas pertenece a la misión Apollo 11, la primera que llevo a dos hombres a pisar la superficie de la luna en julio de 1969.
Las voces son las de Armstrong y Aldrin desde el módulo lunar, ya posado sobre el satélite, y la del ingeniero Bruce McCandless desde el control de la misión en Houston. Por cierto, que 15 años más tarde, McCandless sería el protagonista de una icónica foto, cuando dio el primer paseo espacial sin estar anclado al transbordador Challenger, flotando solo en el espacio gracias a una mochila propulsora que había diseñado él mismo… pero esa es otra historia.
Volvamos a la conversación.
Desde la Luna, los astronautas buscan una solución a un problema concreto: el temporizador de la misión ha dejado de funcionar.
Desde la Tierra, informan del tiempo que ha transcurrido desde el despegue, para que vuelvan a sincronizarlo: 114 horas, 31 minutos, 0 segundos…
El temporizador volvió a funcionar… pero siguió dando problemas. Armstrong decidió entonces dejar su reloj de pulsera a bordo del módulo lunar, antes de bajar a dar su célebre salto para la humanidad. Y es de ese reloj, del Omega Speedmaster que estaba llamado a ser el primero sobre la superficie de la luna, de lo que quiero hablarte en esta primera entrega de Homo Faber.
Soy Óscar Gómez, y en este pódcast te cuento las historias de objetos industriales cotidianos que han hecho historia.
// HOMO FABER.
Una producción de Qwerty Podcast.
Edición 1 / Omega Speedmaster. El reloj de la luna.
Al comienzo del programa Apollo, la NASA buscaba un cronógrafo de pulsera de alta precisión para los astronautas, y decidió enviar a los fabricantes una relación de las pruebas a las que sometería a los relojes.
Entre ellas estaban la exposición continuada a altas y bajas temperaturas: entre 20 grados bajo cero y 70 sobre cero.
También la exposición a atmósferas de oxígeno puro o del 95 por ciento de humedad para probar su resistencia a la corrosión.
Serían sometidos a golpes en distintas direcciones de más de 40 veces la fuerza de la gravedad, y a aceleraciones de más de 16 G, y a condiciones de altas y bajas presiones.
A vibraciones aleatorias que simulaban el despegue de un cohete, y a ruidos violentos sostenidos durante minutos, de más de 130 decibelios.
Tras leer las especificaciones, los responsables de la marca suiza Omega decidieron enviar varias unidades de su Speedmaster sin hacer ninguna modificación, tal y como salieron de sus talleres. Así de convencidos estaban de que sus máquinas soportarían las duras pruebas planteadas por la NASA. Y así fue.
El Speedmaster las superó todas, mientras que sus principales competidores, el Rolex Cosmograph y el Longines Wittnauer fracasaron en algunas de ellas.
Además, la NASA valoró la legibilidad del Omega en condiciones extremas, por su esfera negra mate (antirreflejo) y sus índices blancos de alto contraste.
Una vez certificado como el reloj de los vuelos tripulados en 1965, solo se pidió una modificación ala relojera suiza: que en lugar de la pulsera de eslabones de acero inoxidable, el cronógrafo que llevarían los astronautas incorporase una correa de velcro para poder ser manipulada con los guantes y ceñida por encima del voluminoso traje lunar.
No se trataba de un reloj de lujo, sino de un instrumento profesional, creado en 1957 como cronógrafo para carreras de coches, y que estaba disponible para el público a un precio de en torno a 200 dólares de la época. Desde entonces no se ha dejado de producir, aunque estuvo a punto de hacerlo veinte años después del Apollo 11, y en 2026 tiene un coste de unos 9.000 dólares recién salido de los talleres de Suiza.
Se calcula que se ha fabricado un millón y medio de Omega Speedmaster, al que desde hace tiempo se conoce con el sobrenombre de MoonWatch, pero solo 9 han estado sobre la superficie de la Luna en las distintas misiones Apollo.
El primero de ellos fue el de Buzz Aldrin, que lo llevaba puesto cuando paseo por la superficie de polvo y rocas, mientras que el de Neil Armstrong, el que estaba llamado a ser el primer reloj sobre el mar de la Tranquilidad, se quedó en el módulo lunar sustituyendo al temporizador de la misión.
Por cierto, que a pesar de haber superado todas las pruebas, hubo dos Moonwatch en las misiones Apollo 15 y 16 que fallaron al desprendérseles el cristal, probablemente como consecuencia del polvo abrasivo. El comandante David Scott decidió utilizar en su tercer paseo por la luna su Bulova Chronograph, que llevaba como objeto personal, y llevó a este modelo a la fama espacial junto con el Speedmaster, el único reloj mecánico que a día de hoy sigue certificado para salidas extravehiculares.
Algunas de esas piezas históricas se custodian en museos como el Smithsonian, que era el destino que tenía el de Aldrin, precisamente. Durante un tiempo, el astronauta lo utilizó como reloj personal, pero unos años después lo donó al museo del aire y del espacio… y desapareció en el trayecto. Nunca se ha vuelto a conocer su paradero.
Los coleccionistas estiman que, si apareciera y se subastara, el que fue por una casualidad el primer reloj sobre la superficie de la Luna, tendría hoy precio de salida en subasta por encima de los diez millones de dólares.
Pero el Omega Speedmaster también es el protagonista de otro hito relacionado con el espacio, y por el que la NASA concedió a la marca Omega un Silver Snoopy, el premio con el que reconoce a sus contratistas, empleados y proveedores. Y la firma suiza lo obtuvo por el papel de su reloj más famoso cuando se pronunció una de las frases más célebres frases de la carrera espacial.
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El famoso problema que Jack Swigert notificaba a Houston era un fallo de energía que puso en peligro a los astronautas de la misión Apollo 13. Para corregir la trayectoria de regreso a la Tierra, el control de la misión calculó una maniobra crítica: encender el motor del módulo lunar durante un tiempo muy preciso: 14 segundos exactos, pero el fallo de suministro eléctrico había hecho que el sistema automático dejara de ser fiable, por lo que se usó el Speedmaster como “cronómetro de encendido del motor”, lo que fue determinante para el éxito de la operación.
Así quedaron registrados en las grabaciones esos 14 críticos segundos.
Omega hace ediciones conmemorativas del premio Snoopy. En ellas aparece, dentro de una de las esferas de los segunderos, una imagen de la mascota, dormido, y en uno de sus conocidos bocadillos con sus pensamientos, una frase atribuida al director de la misión Apollo 13, Gene Kranz: “el fallo no es una opción”
En la esfera de esta edición especial también está resaltado un arco de catorce segundos, bajo el que un lema plantea un reto a quien lleva en su muñeca este legendario cronógrafo: “¿Qué podrías hacer en 14 segundos?
El Speedmaster es un reloj tan icónico que la firma Swatch, del mismo grupo empresarial que Omega, ha lanzado una colección de once relojes bajo la denominación MoonSwatch, inspirados en cada uno de los nueve planetas del sistema solar, en la luna y en el sol, a precios mucho más asequibles, en torno a 300 euros, y que reproducen la estética del primer reloj sobre la luna, pero con distintos colores, en función del cuerpo planetario al que está dedicado cada diseño.
El original, el Omega Speedmaster con referencia ST 105.012, era un reloj de acero inoxidable de 42 milímetros de diámetro con cristal de plexiglás acrílico que no se fragmentaba en esquirlas en caso de rotura. Hermético hasta 50 metros de profundidad, con un movimiento Omega 321 de 18.000 alternancias hora que integraba diecisiete pequeños rubíes en su mecanismo y con una reserva de marcha de 44 horas. Estaba equipado con un segundero central, un contador de 30 minutos, un contador de 12 horas y un segundero pequeño continuo, y con una escala taquimétrica concebida para medir velocidades sobre distancias conocidas en circuitos de carreras.
Una pieza de alta ingeniería que se convirtió en una leyenda del espacio, y que suena así:
Si quieres conocer otras historias de objetos industriales cotidianos que hicieron historia puedes suscribirte, y también sugerirme algunas en los comentarios.
En próximas ediciones hablaremos por ejemplo del fusil de asalto AK47, de las zapatillas Converse All Star, del Sony Walkman, del sombrero Panamá o de la navaja Victorinox Spartan, de la libreta Moleskine y de otros muchos iconos fabricados por la humanidad.
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